publicado en diciembre 07, 2011 19:04

Madre ¡Que quien me mire te vea!
Hoy vivimos una de las más grandes fiestas marianas, al menos, la fiesta de mayor arraigo popular en nuestras tierras, se trata de la Inmaculada Concepción. Una fiesta muy querida y muy significativa.
María es la mujer íntegra, armónica, con la luna bajo los pies. La luna es símbolo de lo que cambia, fluctúa, Ella vence todas las fluctuaciones, es la balanza del mundo, es el equilibrio en persona. Ella está parada ante la vida.Todo en Ella está en orden.
El Padre Kentenich graficaba esta época como una época apocalíptica, no se refiere a la llegada del fin del mundo –eso sólo Dios lo sabe- sino porque estamos viviendo claramente los enfrentamientos entre el bien y el mal. Si leemos el Apocalispsis en la Biblia, veremos que se trata de un enfrentamiento permanente de estas dos fuerzas. Hoy vemos este enfrentamiento con la lucha por la vida, la lucha por la dignidad humana, la lucha por la verdad, la dictadura del relativismo, la lucha de poderes, etc.
En María el poder del mal no tuvo espacio, no rozó su alma por eso puede vencer al demonio.Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre su linaje y el tuyo, Ella te pisará la cabeza y tú le acecharás el talón Gn 3, 15. Por la mujer vino la maldición -Eva en el momento del pecado original- y por la mujer nos vino la salvación -María, la nueva Eva, que nos trajo al nuevo Adán en el momento de la Anunciación-.
Frente a este caos del tiempo actual, todos nosotros tenemos dos posibilidades: luchar a favor del mal -podría ser por ejemplo quedarnos con los brazos cruzados y no hacer nada por este mundo, no hacer nada por mi entorno, no hacer nada por mi Patria- o luchar a favor del bien. El cristianismo lucha a favor del bien. Nuestro desafío está en saber posicionarnos para sacarle la mayor ventaja a este tiempo y ganar muchas personas para Cristo. Los grandes santos de la historia surgieron en tiempos de crisis, no nos extrañemos si Dios nos llama a ser los santos del nuevo milenio (Cfr Juan Pablo II Jubileo 2000)
Estamos llamados a emprender nuevos caminos que conduzcan nuevamente al mundo hacia Cristo. Y frente a estos nuevos desafíos, Dios nos regala un gran modelo, un excelente “libro de enseñanzas” un libro muy particular, porque no es un libro escrito, sino que es un libro vivido... un libro que nos enseña a actuar no según lindas frases sino según su ejemplo de vida... se trata de nuestro modelo María Inmaculada.
En estos días nos estamos preparando con los distintos grupos de misión, para ir a misionar a diversos pueblos. En una de las reuniones, salió el tema de María, de los evangélicos, de los no creyentes, etc… entre diálogo y diálogo, podíamos ver cómo todavía hoy hay confusiones con respecto al a verdadera imagen de María. Una de ellas es la de María como un accesorio de la fe, pero no modelo de vida. Sin embargo, si pensamos en este “Ocaso de Dios” como lo llamó Benedicto XVI en la JMJ de Madrid, María será la que dará nuevamente a luz a Cristo para el tiempo de hoy, para cada ser humano. María tiene la capacidad de dar a luz a Cristo en nuestro propio corazón, Ella tiene la capacidad de despertar la fe, y de conducir a un pueblo entero hacia su Hijo Jesús. Esto quizás lo han experimentado en ustedes mismos: quizás no tenían un vínculo fuerte con Jesús, pero sí con María. Quizás me resultaba más fácil dialogar con Ella, y poco a poco Ella me condujo como por un remolino a un estrecho vínculo con Jesús, con el Espíritu Santo, con Dios Padre. La Mater va despertando nuestra fe, va despertando aquello que estaba dormido en nosotros. Cuántos misioneros, después de misionar, sintieron un cambio radical en este sentido porque fueron captados por María: no rezaban nada, apenas iban a Misa, y después: una vida de oración intensa, un fuerte despertar de la fe…
Cuando uno misiona, se puede ver cómo tantas personas se vuelven a acercar a la fe por medio de la Peregrina, por donde Ella pasa, se despierta vida, y simplemente es así porque da a luz a Cristo en cada lugar donde está. A veces nos reclaman que somos muy fanáticos de la Mater y que nos olvidamos de Jesús, pero no es así, quizás se puede explicar esto con el lenguaje de los niños: al principio, cuando el niño empieza a aprender a hablar, no habla tanto, sólo balbucea, y el padre no lo puede entender, pero la madre sí, por eso muchas veces, el niño, para llegar al padre, primero le habla a la madre, porque sabe que ella lo entiende, y entonces así le podrá traducir al padre. Esto es así hasta que finalmente el niño puede hablar… La Mater, no hace otra cosa más que conducirnos a Cristo, Ella es el remolino hacia Cristo, la puerta segura, el atajo más rápido…
María en el Santuario, nos educa, Ella no nos quiere light, nos quiere santos. Ella es muy suave, delicada, pero tenaz y aguda… sabe ir al fondo de la cuestión, y generar cambios de raíz. Por eso cuando nos sumergimos en Ella nos sumergimos también en un mundo de autoconocimiento y autoeducación. Esta es la gracia de la transformación interior que nos regala a manos llenas en el Santuario. Ella tiene la capacidad de transformar nuestro corazón: de sanarlo, de educarlo, de fortalecerlo.
¡Madre que quien me mire te vea! Eso es SER misionero. Para el éxito de la misión, tenemos que emprender una escuela de autoeducación: para eso lo primero que tenemos que tomar es lo pecaminoso en mí: Puede ser la mentira, la falta de cuidado de mi cuerpo con el exceso de alcohol, etc. Luego puedo tomar lo que molesta de mí a los demás: la impuntualidad, el dejar las cosas desordenadas, levantar la voz sin escuchar al otro, brusquedad.Y por último puedo tomar las imperfecciones de mi carácter: me cuesta sonreírles a los demás, el no saber escuchar, etc
María Inmaculada es la mujer que lucha en nosotros, por nuestro crecimiento interior, por nuestra santidad. En este día tan especial podemos rezar esa jaculatoria que el Padre Kentenich rezaba con tanto gusto: “Inmaculada si fuera como tu, Inmaculada si fuera Tú”.
Aseméjanos a ti,
y enséñanos a caminar por la vida
tal como tú lo hiciste,
fuerte y digna,
sencilla y bondadosa,
repartiendo amor, paz y alegría,
en nosotros recorre nuestro mundo
preparándolo para Cristo Jesús.
Amén
Hna María Sol